DISCAPACIDAD, INCLUSIÓN Y SENTIDO COMÚN – Artículo de opinión


Artículo de opinión elaborado por Aitor González Angulo, Presidente de la Federación de Deporte adaptado de Bizkaia BKEF, y Nicola Lococo, Responsable deportivo FDAB-BKEF.

La discapacidad es algo que nos afecta desde siempre a una parte amplia de la población, ora de nacimiento, ora sobrevenida por edad, accidente o desarrollo de una enfermedad, sea en nuestro propio cuerpo, sea en un familiar, vecino, amigo o compañero. En consecuencia, todos deberíamos ser solidarios con quienes sufren discapacidad, Empero, no es así. ¿Por qué?


Una primera explicación la hallamos en la ligazón del padecimiento de un mal con una trasgresión ética cometida por parte del sujeto o grupo de pertenencia, aunque la razón última resida en lo grande que nos queda el título de Homo sapiens sapiens, pues, hemos precisado de 10.000 años desde los primeros asentamientos urbanos para rebajar los bordillos de las aceras en los pasos peatonales para un tránsito más cómodo, no ya de personas con movilidad, que también de todos: repartidores, personas mayores, carritos de
bebé, carro de la compra…


Con todo, hemos dado un gran paso al percatarnos de que tenemos un problema como sociedad tan grande, tan evidente, tan extendido y tan perenne, que nos ha pasado desapercibido, a saber: la inclusión de la
discapacidad. Porque, atender la discapacidad no puede ser computado como un progreso de la modernidad; los neandertales ya se ocupaban de ayudar y proteger a los miembros más desfavorecidos de su comunidad.


En el siglo XX, los varones con discapacidad estaban exentos de prestar servicio militar, una ventaja, de no ser, porque aquel ¡No apto! también les había dejado exentos de acudir a un colegio con los demás niños; o poder salir de casa semanas enteras. Luego, hemos de reconocer que en este terreno hemos avanzado bastante, y aunque todavía los trenes resultan inaccesibles a personas en sillas de ruedas; lo cierto es, que la batalla por la accesibilidad y la adaptabilidad ha pasado a ser un asunto cuantitativo y no cualitativo, pues, basta señalar el problema para que todos entendamos que lo es, quedando muy atrás la época en que solicitar la impresión en Braille de las papeletas para votar, o la traducción al lenguaje de signos del Telediario eran recibidos como caprichos de “gente muy especial”. Este progreso en la conciencia social ha posibilitado que las personas con discapacidad, hoy podamos practicar deporte más allá de la paraolimpiada, pues, la dificultad no radicaba en la discapacidad cuanto en las barreras arquitectónicas, mediáticas y de todo tipo que impedían ejercer nuestra voluntad como un ciudadano más.


La irrupción de una Federación de Deporte Adaptado nació de la necesidad de dar respuesta solvente a un colectivo, hasta entonces, marginado del deporte, debido a que las federaciones convencionales, comprensiblemente, no estaban en mejor situación para asimilar la discapacidad que la sociedad. Pero, lo que empezó por necesidad, en poco tiempo se ha convertido en virtud, al extremo de habernos convertido en el referente de familias, asociaciones, instituciones y entidades, incluidas las adscritas al deporte convencional, para asesorarles en reglamentación, informarles de adaptaciones, cursos de formación, préstamo de materiales, mediación para contactar con potenciales usuarios…Pues bien, este éxito traducido en que la práctica deportiva de nuestro colectivo ya no sea una rara avis como antaño, ha provocado la nociva ilusión de que el proceso de inclusión es sencillo con la promulgación de decretos que trasfieran los deportes de las federaciones adaptadas a las convencionales, de la noche a la mañana, corriéndose el riego de revertir el éxito en fracaso por precipitación. Porque hacia esa meta hemos de dirigir nuestros pasos, pero como camina la
humanidad: hacia adelante, con un pie atrás.


Actualmente, no se dan las condiciones adecuadas para un paso automático del deporte adaptado a las federaciones específicas. Es normal que así sea; es una Utopía que en todas las federaciones hubiera personal y material específico para atender todas las discapacidades físicas, sensoriales, mentales e intelectuales en sus distintos grados. Ciertamente, a medio plazo, federaciones grandes, deberían de estar en disposición de alcanzar dichas condiciones óptimas para atender la discapacidad, sin embargo, para las federaciones pequeñas, dicha meta resulta poco menos que imposible, no por falta de sensibilidad, sino por mera cuestión de número y recursos.


En consecuencia, los pasos a dar en el proceso de la inclusión deben ir sobre el puente ya construido con la Federación de Deporte Adaptado por donde las personas con discapacidad transitan, primero, a la práctica deportiva recreativa y después, a la competición federada y no de la federación adaptada a la federación convencional donde, en el mejor de los casos, se transita de la competición federada a la competición federada. Porque, si como bien saben todos los federativos, lo difícil no es otorgar medallas sino trabajar la base que aspire a conseguirlas, en deporte adaptado esto es esencial.

Lo complicado, es conseguir que una persona con discapacidad, primero, haga deporte, luego encuentre un deporte que le apasione y finalmente, que dicho deporte le enganche lo suficiente como para federarse con todo lo que ello supone de compromiso personal con el entrenamiento y la competición. Para conseguir que una persona con discapacidad se federe, es primordial que las federaciones adaptadas mantengamos el control directo de las escuelas deportivas de base, así como el deporte escolar de cada disciplina, dado que, si en el ámbito de personas sin discapacidad el paso de escolar a federado es muy bajo, en personas con discapacidad, por todo lo enumerado, es todavía más reducido. Pero hay más…


Las federaciones de deporte adaptado atendemos a dos clases de personas: quienes padecen discapacidad de nacimiento o edad temprana y a quienes les sobreviene la discapacidad de adultos. En el primer caso, estas personas, niños y adolescentes, precisan probar distintos deportes como cualquier otro niño sin discapacidad hasta encontrar aquella disciplina que les gusta o mejor se les da. Esto, que es muy sencillo para alguien sin discapacidad porque puede pasar de un deporte a otro sin mayor problema que cambiar indumentaria, en el caso de la discapacidad, pasa por: encontrar un club que atienda la discapacidad; encontrar otro entrenador con experiencia en atender su discapacidad; encontrar transporte adaptado; etc. En cuanto a quienes la discapacidad les sobreviene en etapas posteriores a la niñez, también, nos encontramos dos tipologías: las personas que antes no hacían deporte y ahora desean practicarlo, cuya situación sería similar a la explicada; y la de quienes antes de sobrevenirles la discapacidad, ya practicaban un deporte y desean continuar practicándolo con sus adaptaciones.


Pues bien, sea porque son niños, sea porque tienen problemas de habla,
sordera, intelectuales, etc. muchos de nuestros usuarios requieren
intermediarios, que a su vez, buscan información, asesoramiento, solución a
sus dudas…ingente demanda, atendida hoy satisfactoriamente por nuestra
entidad, porque vivimos en primera persona la discapacidad; conocemos por
dentro las organizaciones; a sus responsables con los que interactuamos de
continuo; conocemos una por una las discapacidades, sus adaptaciones, los
deportes, a los deportistas e incluso a sus acompañantes.


Las federaciones adaptadas, con apoyo institucional hemos conformado un
buen equipo de trabajo en todas las áreas: contamos con personas altamente
cualificadas en el terreno de la discapacidad que semanalmente asisten en las
actividades generando gran confianza en familias y usuarios; Contamos con
administrativos acostumbrados a manejarse en la terminología propia de las
discapacidades, reconocimientos médicos, etc. Pues bien, esto y mucho más,
es lo que podemos perder de continuar con un equivocado proceso de inclusión que se está revelando, no ya estéril en la promoción, que hasta
dañino en su mantenimiento, de no enderezar el rumbo de los
acontecimientos con un poco de sentido común que satisfaga la demanda
aquí expuesta. Porque, como les digo a mis alumnos, si cometemos un error,
cometemos un error; pero si no lo corregimos, cometemos dos.


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